

El día que llegaste junto a mí, dejaste tu equipaje en un rincón,
Pusiste tu mirada sobre mí, y luego te instalaste en mí sillón,
A veces en la noche te escuche, cruzando de puntillas el salón,
y hoy en la mañana desperté, y estabas dentro de mi corazón.
Buenos días tristeza, siéntate junto a mi, cuéntame si conoces
a alguien que sea feliz, dime, dime como se llama,
Cuéntame por favor, pero nunca me digas que su nombre
es amor.
El día que llegaste junto a mí, volaron tantos sueños a la vez,
los tuyos que luchaban por vivir, los míos que murieron sin querer,
pero ahora estoy contigo ya lo ves, me estoy acostumbrando
a verte aquí a veces entonando una canción, y a veces caminando
por ahí.
Buenos días tristeza, siéntate junto a mí,
dime tú sí lo sabes, quien se acuerda de mi,
dime , dime come se llama, cuéntame por favor
pero nunca me digas, que su nombre es amor.
Buenos días tristeza,….
En la misma pensión con el mismo hambre, en la misma
habitación, dormíamos, Rogelio y yo,
bajo el mismo techo con el mismo frio, tiritando
en el lecho, dormíamos, Rogelio y yo.
Con el mismo coche con la misma mujer y la misma noche,
soñábamos, Rogelio y yo, en el mismo trabajo el mismo
sudor el mismo fracaso, luchabamos,Rogelio y yo.
Ya no te acuerdas Rogelio de aquella cantina,
del viejo Anselmo y su acordeón, cuantas las noches
nuestro vino alegro, cuantas las noches que tu música toco,
cuantas las noches que al oír esa canción tu, te reías y reía yo
y nos despertaba el sol, llenos de vino, llenos de ilusión,
te reías del dolor, de si hacia o hacia calor, si había
dinero o solo sudor.
Con el mismo equipaje, en el mismo tren que me marche
he vuelto, hacer el viaje, a tu nueva dirección , con el mismo traje
y la misma ilusión he ido, he ido a buscarte, el guardacoches
me ha entrado por la puerta del servicio, me ha metido en un
cuarto desde donde he mirado y te he visto, bien vestido en un
salón lleno de espejos, gente importante a tu lado y en tu
cara el fastidio, cuando te han avisado, has salido, me has
mirado, te has acordado de mi nombre,¡ aleluya!
luego, luego te has marchado, me has dejado con un saludo
una cita en tu despacho, una tarjeta en la mano, con tu nombre
bien bordado.
Pero no importa Rogelio, esta noche iré a la cantina y al
viejo Anselmo pediré tu canción y en la misma mesa
beberé por los dos y entre mil copas me reiré del dolor, y como
otras noches, al oír esa canción yo reiré, yo reiré, me reiré
de tu adiós, de mis zapatos, de tu confusión, del pantalón
de tu frac, de tus espejos, de tu salón, y cuando te vuelva a
ver, te diré, muy buenas tardes, ¿ que tal esta usted ?
y como no, te pediré un favor para que esa noche, duermas
un poco mejor.